martes, 27 de julio de 2010

La posición española en Cuba

Cuba es, desde hace más de cincuenta años, una sangrienta dictadura. Los derechos humanos no existen, sólo existe la voluntad del dictador, el coma-andante Fidel Castro que se hizo acompañar por uno de los mayores terroristas y asesinos del siglo XX (quizá no por su cantidad, ahí Stalin, Hittler o Pol-Pot fueron muy superiores, pero sí por el hecho de que los otros no se mancharon directamente de sangre y este era un asesino psicópata como ha habido pocos) como es Ernesto 'Ché' Guevara, mitificado por la izquierda, aunque uno no sabe muy porqué: fue un inútil en todo lo que hizo salvo en asesinar a gente a sangre fría, ahí fue un tipo muy eficaz.

Desde que los Castro tomaron el poder, las detenciones de todos aquellos que piensan diferente, que escriben sobre la dictadura son la norma. Son encerrados en zulos infectos e insalubres, donde las enfermedades campan por sus respetos. Muchos mueren en las cárceles, otros quedan ya marcados para siempre. En una de esas cárceles murió hace poco Orlando Zapata. Eso puso en jaque a la dictadura que fue muy atacada dentro y fuera de la isla: un preso de conciencia había sido dejado morir en una cárcel del régimen cubano. Raúl Castro se asustó y no quiere un nuevo caso como ese, y más ahora que gracias a la inestimable ayuda de Gobierno de Occidente más amigo de las dictaduras de todo tipo (siempre que sean de izquierdas y antioccidentales, claro) como es el de Rodríguez Zapatero puede lograr que las sanciones se suavicen. Pues bien, mediando la Iglesia Católica (que busca su posicionamiento para el final de la dictadura cuando los hermanos Castro acompañen a Satanás en el infierno) se buscó una salida para algunos de los presos de conciencia. Pero esa salida, que pretende ser vendida como una apertura del régimen y una muestra de respeto a los derechos humanos, es una falacia más: quienes nada hicieron para entrar en prisión son ahora desterrados de su país. No pueden volver a él, su pasaporte les ha sido retirado para volver a Cuba. No han sido liberados, han sido expulsados de su propio país, lo que suma ignominia a la ignominia.

Lo más triste de todo esto es la posición del Gobierno español, encarnada en el ministro de Exteriores, esa plaga bíblica que nos ha tocado padecer, y que responde al nombre de Miguel Angel Moratinos. España tiene una deuda moral con un país como Cuba. No puede dejar a los cubanos abandonados a su suerte. No se lo merecen nuestros hermanos de la isla, muchos de ellos de ascendencia española. Aznar logró que la posición de toda Europa fuera similar con respecto a Cuba: o hay democracia o derechos humanos o no hay nada de qué hablar con el gobierno de Cuba. Es la posición coherente, la posición digna de un país que quiere respetarse a sí mismo. No se puede permitir que la dictadura siga torturando al pueblo cubano, no al menos con nuestra ayuda. El que el Gobierno de Cuba suelte a unos presos hacia el destierro y el exilio no debe ser tenido como una muestra de respeto a los derechos humanos. Son personas inocentes, ciudadanos condenados por pensar diferente y que ahora, a su cautiverio, deben sumar el destierro. Sr. Moratinos, ¿qué entiende usted por derechos humanos?